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El profesor de secundaria, que atiende alumnos de entre 12 y 15 años,
puede identificar fácilmente a los chicos que están en mayor riesgo de
iniciarse en el consumo de tabaco, alcohol y drogas ilegales. Sobre todo
si sabe algo de su situación familiar, lo cual ocurre con frecuencia en las
poblaciones rurales y en las ciudades no muy grandes. En los últimos años
los especialistas han trabajado mucho en el campo de los indicadores de
peligro, y también sobre las circunstancias que protegen a los niños y a los
jóvenes. Es conveniente conocer estas características porque permiten
reconocer a los chicos que están más expuestos.
Hablemos de educación
Recientemente un grupo de investigadores del Instituto Nacional
contra el Abuso de Drogas de los Estados Unidos hizo una recopilación
cuidadosa de los estudios realizados durante más de 20 años, a fin de
definir con certeza cuáles son los indicadores de peligro y los de seguridad
relativa. Bajo el nombre de factores de riesgo se identificaron los que a
continuación se describen (después haremos lo mismo con los factores
protectores).
Si decidimos ir de lo más general a lo particular, hay que señalar primero
estas tres circunstancias que se refieren al hogar:
1. Hogares «caóticos»: no existen reglas de comportamiento, no hay
comunicación verdadera, cada uno «hace su vida», ausencia física
de uno o ambos padres, etc. Se trata de situaciones negativas, aún
peores si los propios familiares adultos consumen drogas, o si padecen
alguna enfermedad mental.
2. Educación errónea en el hogar, especialmente cuando los hijos tienen
dificultades de temperamento (falta de control y agresividad o,
por lo contrario, timidez extrema y aislamiento).
3. Falta de afecto genuino en la familia, desamor y alejamiento emocional
entre padres e hijos y entre los padres mismos.
Esos tres primeros factores constituyen situaciones extremas, muy desventajosas
para los chicos, no sólo respecto a la posibilidad de empezar a
usar drogas, sino para sus expectativas ante la vida en general. Sin embargo,
no son circunstancias definitivas. Con mayor frecuencia de lo que se
cree, algunos chicos superan tales adversidades y se desarrollan más o
menos sanamente, sin caer en conductas antisociales. Hasta pueden ser de
los que alcanzan éxitos inesperados, por encima de lo que logran sus compañeros
de familias bien integradas. Pero la realidad es que estas son las
excepciones que confirman la regla.
Existen factores de riesgo que se relacionan más con la escuela y con
la comunidad. Veámoslos:
1. Fracaso escolar o fallas académicas. Por supuesto son muchas las
razones que pueden llevar a ello, desde la incapacidad real de
aprendizaje hasta la inasistencia frecuente a clases, no siempre imputable
al muchacho. Pero en ausencia de esas y otras causas, el
mal aprovechamiento en la escuela es un predisponente para
empezar a consumir drogas.
La escuela ante las drogas
2. Pobre adaptación social con malas relaciones interpersonales, lo
mismo si se trata de muchachos «conflictivos» por irritables o intolerantes,
que de otros con características diferentes: timidez,
tendencia a la soledad, incapacidad para las relaciones
interpersonales francas y alegres como correspondería a su edad.
3. Percepción, por parte del chico, de que los amigos y la comunidad
en general aceptan el consumo de alcohol y otras sustancias
como algo «no tan malo en realidad». Esta permisividad social se
ha identificado como un factor de suma importancia: es «el foco
rojo» de una sociedad que vivirá un aumento notable del consumo
de drogas.
4. Asociación con jóvenes de conducta parasocial o francamente antisocial,
dentro o fuera de la escuela (generalmente esto último).
5. Acceso fácil a las sustancias adictivas. Muchos jóvenes empiezan a
consumirlas si se ponen a su alcance a bajo costo y con pocos
riesgos de ser descubiertos; se facilita así el proceso de adquirir el
hábito y, eventualmente, de llegar a la adicción.
6. Exceso de tiempo libre. Este es un factor en el que se reflexiona
poco, pero que comprobadamente influye en muchos jóvenes,
sobre todo en quienes no llenan su tiempo de ocio con actividades
positivas y saludables.
Debemos decir que los estudios psicosociales señalan que hay más de 50
circunstancias y hechos que influyen para desviar el desarrollo normal de
la personalidad, que ocurren justo en la etapa de la adolescencia inicial
y durante los años siguientes. Pero los que hemos citado son los más
relacionados directamente con la adquisición del hábito de consumir
sustancias adictivas. Ciertos autores los han agrupado para distinguir entre
los que, aun siendo indicadores de peligro, implican pronósticos diferentes.
Dado que la validez de esta clasificación se ha comprobado en investigaciones
realizadas en distintos países, la transcribimos aquí
configurando dos conjuntos:
a) Grupo de pronóstico benigno: jóvenes que buscan «pasarla bien»,
sentir algo nuevo, «excitante». En ellos, los programas educativos y
las intervenciones preventivas de padres y maestros suelen ser
exitosas.
b) Grupo de mal pronóstico: jóvenes que previamente al uso de
drogas sufren problemas emocionales o trastornos mentales. Buscan
los efectos de la sustancia para combatir la angustia, la depresión o

SerieHablemos de educación
los estados de mal humor e irritación. En estos muchachos el riesgo
de llegar a la verdadera adicción es muy alto y es preferible buscar
ayuda profesional, al tiempo que se les brinda apoyo familiar incondicional.
Recuerde el lector que estamos hablando de quienes
ya consumen sustancias ilegales.
Vale la pena distinguir entre los factores que inducen al uso de las drogas
psicoactivas por primera vez, y los que intervienen como «reforzamiento»
de una conducta que ya se estableció, aun cuando no llegue a constituir
un hábito. Los que orillan más al primer consumo son:
1. Tener 14 años o más, dentro de la etapa de la adolescencia (pero
puede ser antes).
2. Sentirse insatisfecho con la vida escolar, ser mal estudiante (tener
bajas calificaciones, faltar a clases, llegar tarde...).
3. Sentirse (o ser) rechazado en el hogar.
4. Considerarse impopular (séalo o no en la realidad).
5. Tener amigos que consumen mariguana.
Estos últimos datos se obtuvieron de un estudio realizado en New
Hampshire, EUA. Se citan aquí porque en opinión del autor coinciden en lo
general con los que se pueden identificar en México, de acuerdo con su
propia experiencia.

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