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Diremos algo sobre ese consejo. Hay que aceptar que, tratándose
de preadolescentes y adolescentes, el diálogo es a veces difícil. Pero si los
padres demuestran con su actitud que estarán abiertos, que nada de
lo que pueda decirse los escandalizará y que se disponen a buscar juntos
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Drogas


la verdad respetando los puntos de vista que se fundan en el conocimiento,
ese diálogo será posible... si se tiene paciencia, flexibilidad y tolerancia.
No nos estamos refiriendo sólo a los hechos que hay que saber sobre las
drogas, sino también a temas como el sexo, las noticias relevantes y
los asuntos familiares, en que los muchachos pueden y deben opinar. La
verdadera comunicación es la que se establece para hablar de los aspectos
afectivos, de lo que nos gusta o nos disgusta, lo que nos hace sufrir o
nos hace disfrutar, en fin, lo que nos interesa o no. A eso se refiere la
expresión diálogo abierto con los hijos.
El maestro aprovechará sus pláticas con los padres para pedirles que,
respecto a las sustancias adictivas, tanto las legales como las prohibidas,
sus mensajes sean claros y directos. El mero hecho de que la mariguana y
la cocaína sean ilegales, por ejemplo, las hace peligrosas. Por lo tanto, lo
que hay que decir es que no deben consumirse: usarlas significa incluirse
en la cadena de delitos que va desde la producción de la droga hasta su
uso, pasando por su transporte y comercialización; es decir, por las eventualidades
del narcotráfico. Los jóvenes deben saberlo, quiérase o no, el
adquirir una droga prohibida y consumirla es contribuir a que personas
ligadas a la delincuencia obtengan beneficios económicos.
Otro mensaje claro y directo expresado por los padres y los maestros
sería las drogas se han prohibido porque causan daño a la salud de
quienes las usan, a las familias que sufren moralmente, a la economía
general y a la sociedad en su totalidad. En cambio, hay quienes dicen
que «no son tan malas como se cree», pero ante esta afirmación la posición
debe ser firme: todos los estudios realizados científicamente prueban
los daños que estas sustancias producen; quienes sostienen lo contrario
son aquellos que ignoran estos hechos y también los interesados en que
existan clientes consumidores. He ahí un buen tema para el diálogo
entre padres e hijos.
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